En el vasto universo de la tecnología, las historias de éxito a menudo esconden capítulos menos conocidos. La trayectoria de Microsoft, la empresa que transformó la informática personal, es un claro ejemplo. Aunque hoy asociamos a Microsoft con Windows y sus múltiples herramientas, existe una faceta menos divulgada que revela los orígenes de su dominio: su incursión en el mundo de Unix.

Antes de la consolidación de Windows como el sistema operativo dominante, Microsoft forjó su fortuna vendiendo Xenix, su propia adaptación de Unix. Durante un tiempo, la compañía de Bill Gates se erigió como uno de los mayores distribuidores de Unix a nivel mundial. Este sistema operativo, conocido como Xenix, jugó un papel crucial en el crecimiento de la empresa durante la década de 1980, una época en la que Windows aún estaba en sus inicios y MS-DOS reinaba en la mayoría de los PC.

Para comprender el contexto, es esencial remontarse a finales de los años 70 y principios de los 80. En ese momento, Microsoft no era el gigante que conocemos hoy. Bill Gates y Paul Allen, visionarios de la época, buscaban su lugar en la industria. Unix se presentó como una oportunidad dorada. AT&T, propietaria de Unix, optó por licenciar el sistema a terceros, y Microsoft vio la oportunidad de entrar en acción.

Xenix, concebido como una versión adaptada de Unix para microordenadores, fue adquirido por Microsoft, modificado y comercializado a fabricantes de hardware y empresas. Durante gran parte de los años 80, Xenix se convirtió en el Unix más instalado en ordenadores de menor tamaño, superando a otras variantes. Para Microsoft, fue un negocio rentable que impulsó su visibilidad y reconocimiento en el mercado.

El Unix Olvidado de Microsoft

Xenix no fue diseñado para el usuario doméstico, sino para empresas y entornos profesionales que requerían capacidades multiusuario. En esencia, Xenix satisfacía las necesidades de cientos de empresas en ese momento.

De hecho, Microsoft llegó a ser el mayor proveedor de Unix del mundo en términos de instalaciones. Sin embargo, la estrategia de la compañía cambió con el tiempo. Microsoft decidió enfocarse en MS-DOS y, posteriormente, en Windows, que ofrecía un enorme potencial en el mercado de usuarios domésticos. Xenix, relegado a un segundo plano, fue finalmente transferido a otras empresas, como SCO.

Esta transformación estratégica resultó ser un éxito rotundo. En los años 90, con el lanzamiento de Windows 95 y Windows 98, Microsoft se consolidó como líder indiscutible, dejando atrás cualquier vínculo con Unix.

Mientras Microsoft construía su imperio con Windows, un nuevo sistema operativo basado en Unix comenzaba a ganar terreno: Linux.

Linux, Unix y Xenix: Una Familia con Destino Divergente

Linux, creado por Linus Torvalds en los años 90, se inspiró en Unix, compartiendo su filosofía y muchas de sus ideas, pero con una diferencia crucial: Linux era libre, de código abierto y gratuito, lo que cambió las reglas del juego.

Aquí es donde la historia da un giro para Microsoft. En los Halloween Documents, documentos internos filtrados a finales de los 90, la propia empresa reconoció que Linux tenía la capacidad de competir con ellos. Admitieron abiertamente que Linux representaba una amenaza.

Microsoft conocía Unix a la perfección, lo había vendido, modificado y sabía que la gente lo valoraba. De ahí su preocupación por Linux y su capacidad para heredar y mejorar algo que Microsoft había popularizado.

Esta situación generó recelo en Microsoft. Sin embargo, con el tiempo, las tensiones se han suavizado. Hoy en día, Linux está presente en Azure, en Windows a través de WSL, y es un componente esencial en la infraestructura de la nube.

El oscuro secreto de Bill Gates Linux Windows
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